Me siento amada
sólo si el otro me mira
ya cumplí siete años desde que salí en un bus de Venezuela hasta Argentina.
un viaje en el que las preguntas y los miedos eran muchos, pero hubo algo que nunca pensé y ha sido mi pieza clave en mi proceso migratorio.
LA GENTE QUE ME QUIERE.
Sí, la gente que me quiere.
Cuando me fui pensaba en qué iba a pasar conmigo, con los sueños que tenía en mi alma, pero la gente no me preocupaba, de hecho sentí que esa separación era lo mejor que me podía pasar.
Resulta que eso que solté era parte de mí, me construía y yo me desentendí porque pensaba que era un apartado más, como los zapatos que no cabían en la maleta o mi blazer favorito.
LA GENTE QUE ME QUIERE.
Aquí he sostenido vínculos que vienen desde Venezuela y he construido muchos más, pero ¿qué sería de mí sin ellos?
SIMPLEMENTE NADA.
Soy por la gente que me quiere porque son personas que me reconocen y me dan lugar en su vida. Abrazan lo que soy, lo que me falta y lo que estoy por ser.
No puedo, no puedo ser algo si la mirada de las personas que me quieren ya no está, porque a través de ella es que puedo verme y reconocerme.
Sola no puedo, no podría, ni podré. Puedo jugar a quererme, pero qué sería quererme sin la mirada limpia y amorosa de mis amigas o mi familia.
Lacan cuando habla de la mirada del otro, hace referencia a lo que nos hace conscientes de que somos vistos, que existimos y nos transforma algo para el otro, para la sociedad.
Entonces, va así
Yo sola podría “ser”, pero sería algo que ni yo podría reconocer porque es sólo a través de la mirada del otro que puedo existir y me convierto en algo dentro de la inmensidad de este mundo.
La mirada del otro no necesariamente nos ama, pero es de esas que viene a hablar.
Acá en Argentina me sostienen esas miradas que me permiten ver mi reflejo más puro y me abrazan siempre.
Miradas que dicen ‘che’ y otras qué dicen ‘pana’, pero todas en mí se encuentran de la misma forma.
Mi cuerpo se convirtió en traductor de amor de alto rendimiento para permitir que pasen todas (eso sí, las que aman).
Ese traductor de alto rendimiento a veces está cansado y no procesa, se va debilitando y ya mi cuerpo no es punto de encuentro.
Me pierdo y no hay miradas para encontrarme y sentirme amada.
Ahora esta en alto funcionamiento, pero hace unos meses pinchó, se quebró, y ya no tenía ganas de vivir. Me costó mucho tiempo encontrarme a través de esas miradas que siempre me han sostenido.
Justo el viernes encontré en mi memoria sd un vídeo del día que me hice ciudadana argentina.
Veo el video una y otra vez, y ahí están todas esas miradas que me sostienen. Las que dicen ‘che’ y las que dicen ‘pana’, pero que me miran igual.
Hoy entiendo que migrar fue aprender a ser amada de nuevas formas, sin perder las que me construyeron.
Y que está bien necesitar esas miradas para existir. Está bien ser y encontrarme en el amor del otro.

