turmero habita en mí
ayer un amigo me preguntó si yo era de turmero porque quería confirmar y siempre es un bueno momento para decir que soy de turmero.
Por el frío otoñal de las mañanas y el abrazo de mi tía cuando paso por su trabajo.
Por las empanadas de la esquina y el té parmalat de la panadería.
Por los raspaditos de la plaza y la sonrisa de la dueña de la mercería.
Por la montaña que queda cerquita y nos invita cada finde a subirla en grupo.
Por los árboles que puedo ver desde mi ventana y los gritos de mis amiguis para que baje a jugar.
Por la patada que le di en karate a mí compañero, no estuvo buena la patada, pero no puedo no recordar las risas que nos regaló ese momento.
Por el sol que quema hasta el alma pero te cuidará de siempre tener la vitamina D de 10.
Por el cafecito que vende la torta de matilda y unos milkshake para perder la cabeza.
Por el calor que arde en la piel, es un gran recordatorio de que estoy viva.
Por mi colegio que fue cómplice de jugar a las escondidas en las juntas de representantes.
Turmero habita en mí, lo sé porque si me dicen que no es valioso sólo por no ser una super ciudad se me retuerce el intestino, siento una presión en el pecho y el corazón comienza a correr un maratón sin tener muy claro el mapa, le gana la desesperación.
¿Cómo no me voy a sentir así?
Turmero no es igual a otras ciudades “increíbles” porque no lo necesita.
El calor del mediodía que quema hasta la médula se termina rápido porque todo queda cerquita y sin darte cuenta llegaste a casa y te metiste un baño de chaparrón.
Todo está diseñado a medida.
No hay mejor chicha que la del Arabito, es un puestito que acompaña todas las caminatas que toca hacer y está en el medio, la mejor excusa para echar un descanso.
No hay mejor fiambrería que la de Jesús, es la persona que más tiene amor y sonrisas para dar mientras rebana jamón y queso.
No hay mejor casa que la de mi mejor amigo que tiene una mamá con un cafecito con leche siempre caliente esperandote para un abrazo y los cuentitos del día.
No hay mejor cuarto que el de mafer, es una guarida de nuestros dramas y nuestras preguntas sin respuesta.
¿Cómo que Turmero no es una super ciudad?
Si atravesando la montaña por pedregal llegas a un paraíso de cacao que llaman Chuao.
Si caminando un ratito te puedes cruzar con Yolanda que siempre tiene cara de molesta pero no lo está.
Si te sientas un rato en la plaza y prestas mucha atención comenzarás a vivir en el universo de las ardillas, porque al final la plaza es de ellas.
Si yendo al Mariño te comes un trozo de pizza digno de estrella Michelin y un vaso de nestea que es más agua que nestea, pero ojo, no hay mejor nestea, ni mejor pizza.
Si en la Flor venden los mejores shawarmas que he podido probar en la vida, nunca probé shawarmas que sepan a familia y te hagan sentir el abrazo de mamá.
Turmero no necesita lo que tienen otras ciudades porque es el único lugar en donde mi mamá preparaba arepita dulce, la señora aiza me abrazaba cuando llegaba a casa y donde mi abuela que no es mi abuela pero es la abuela del edificio me regalaba caramelitos.
Por las ganas de verte de nuevo cara a cara para que me recuerdes lo que soy, me grites mis cuatro verdades, me aprietes la mano y me digas que aunque ya no estoy en ti, siempre lo fui, lo soy y lo seré.
Por eso es, y siempre será Turmero.


Y también habita en mí. Gracias por llevarme hoy a Turmero un ratico ❤️