un miedo
¿y una solución?
Siempre he creído que hablo mucho.
Durante mucho tiempo me decían “hablas demasiado”.
Crecí creyendo que no me callaba y que molestaba.
Crecí creyendo que no tenía nada valioso que decir.
Ahora no hablo, bueno, si hablo, pero siento que no digo.
“¿De qué hablé?”, me preguntó muy seguido porque de mí, de lo que me atraviesa y mi esencia no es, aunque, a veces parezca.
Mis palabras construyen diferentes caminos y ninguno te lleva a mí.
Tengo miedo, esto lo único que hace es mantenerte lejos de mí.
Y yo creo que estoy cerca por todo lo que te digo.
Pero, ¿me sientes cerca?
BUENO WAIT.
Ya lo hice consciente, pero eso no es un problema.
El problema ahora es ¿cómo hablo de mí? ¿cómo hablas tú de ti? ¿por dónde comienzo? ¿volveré a hablar mucho y la gente se quejara? ¿mi voz molesta? ¿molesta mi ausencia?
Así estoy, llena de preguntas, ninguna respuesta y ganas de salir corriendo aunque los pies están más plantados que nunca decididos a afrontar esto.
No quiero seguir diciendo un todo que no es y una nada de mí que me tira a un lado.
Quiero que mis amigas me vean, me reconozcan y me sientan cerquita.
Quiero que el sujeto que me gusta pueda encontrarse más con mi esencia y no sólo con lo que puedo decir.
Quiero estar más cerca de mamá aunque la distancia sea desquiciada.
Me tiemblan las manos porque siento que estoy diciendo que no soy lo que he mostrado y no es eso, y ya no sé qué más decir o cómo decirlo porque justo quiero aprender a decir menos y mostrar más.
Y…
Ya me volví un desastre y tumbé todo de la mesa, en fin, eso, quiero hablar más de mí contigo y con la gente que amo.
Con amor,
Ray.
POSDATA: lo que estoy es aterrada de alejarte y perderte.

